26 de abril de 2012

Piracy. The menace at sea

Hoy propongo un nuevo video sobre la piratería, publicado por diversos organismos enfrentados a esta amenaza, como la OTAN y la operación ATALANTA. Su propósito es ayudar a capitanes, oficiales y tripulantes de los buques mercantes que navegan por el Océano Índico, el Mar Arábigo y la cuenca de Somalia a entender mejor las medidas que deben aplicar para evitar que su barco sea abordado y secuestrado por piratas. Dura casi 40 minutos y puede verse en el siguiente enlace: http://www.simsl.com/Loss-Prevention-and-Safety-Training/PiracyDVDFull.htm







Fernando Ibáñez.

10 de abril de 2012

Los vínculos entre piratas y terroristas somalíes


Los temores respecto a una posible cooperación entre piratas y terroristas han sido recurrentes en los últimos años y parecieron incrementarse notablemente a raíz de la lealtad declarada por el grupo islamista rebelde somalí Al Shabab a Osama Bin Laden y a Al Qaeda en 2009. Dicha lealtad fue reafirmada tras la anunciada muerte del líder de Al Qaeda en mayo de 2011. Sin embargo, no hay unanimidad entre los analistas sobre esta cuestión. Por ejemplo, el Grupo de Supervisión para Somalia de Naciones Unidas (GSS) en su informe de 2010 afirma no haber encontrado pruebas que permitan concluir que existe algún tipo de colaboración organizada entre los piratas somalíes y los grupos armados de la oposición, como Al Shabab. Y considera que, de haber algún vínculo, sería sólo entre particulares y con el fin de llegar a acuerdos puntuales a pequeña escala. Pone como ejemplo a Abdulrisaaq Sheikh Ahmed Geedi, de quien “se sospecha que ha participado en una serie de secuestros y que mantiene vínculos personales con Al Shabab”. El GSS aclara que no cree que ese caso sea “indicio de una pauta de actuación más extendida”. En un informe de 2010 el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano afirma literalmente que no existe conexión directa entre Al Shabab y los piratas somalíes, debido principalmente a las diferencias entre clanes. Incluso en el secuestro de un buque tan goloso para un grupo rebelde o terrorista como el Faina, cargado de carros de combate y armamento, los piratas sólo pretendieron obtener dinero por él.
Sin embargo, otros analistas sí que consideran posible la existencia de algún tipo de vínculo entre piratas y grupos islamistas y recuerdan algunos antecedentes conocidos, como la conexión de grupos terroristas del sudeste asiático con piratas locales. Es el caso del indonesio Movimiento Aceh Libre, de los Tigres tamiles de Sri Lanka o de los filipinos Frente Moro de Liberación Nacional y Frente Moro de Liberación Islámica
El 22 de febrero de 2011 la agencia de noticias Reuters informaba de la liberación por Al Shabab de varios líderes de grupos piratas detenidos la semana anterior tras llegar a un acuerdo. El pacto supondría que el grupo rebelde se quedaría con el 20% de los rescates obtenidos por los piratas y éstos, a cambio, podrían fondear los barcos secuestrados en la localidad de Harardhere, donde los insurgentes somalíes habrían abierto una oficina para ponerse en contacto con los piratas. Al Shabab había logrado hacerse con el control de esta localidad en 2010 después de arrebatársela a otro grupo rebelde rival, Hizbul Islam. Según declaró un pirata somalí, se sentían felices porque, al acceder a las reclamaciones de Al Shabab, habían conseguido mantener Harardhere como base de operaciones. Un representante de la comunidad local que asistió a las negociaciones confirmó el acuerdo y declaró que, primero, fue firmado por los piratas que ya pertenecían a Al Shabab y, posteriormente, lo hicieron los demás, salvo un pequeño grupo que lo rechazó y se dirigió a la base pirata de Hobyo. 
El propio GSS parece constatar esta evolución en su informe de 2011 al confirmar que se están llevando a cabo actos piratas en zonas controladas por Al Shabab, como Harardhere, Merka, Kismayo, etc. Este hecho parece indicar que, a pesar de las declaraciones del grupo rebelde, habitualmente opuestas a la piratería, podría haber decidido cambiar de opinión con el fin de obtener una financiación suplementaria. Y constata que en la zona de Hobyo/Harardhere, el líder local de Al Shabab, Hassan Afrah, ha negociado con los piratas quedarse con parte de los rescates a cambio de permitirles desarrollar su actividad. El GSS considera que se trata de un acuerdo local, basado en las relaciones de clan. Sin embargo, advierte de que “la creciente ambivalencia” de Al Shabab podría propiciar en el futuro una cooperación más sistemática con los piratas.
En mi opinión la ausencia de lazos en el pasado entre los grupos piratas somalíes y Al Shabab no es una garantía de que no se estén produciendo en el presente, a través de los ya citados acuerdos en ciertas localidades costeras controladas por los insurgentes. La descentralizada red de Al Shabab también puede propiciar que algunos grupos rebeldes se sirvan de la piratería para obtener la necesaria financiación que les permita comprar armas y voluntades y mantener así su lucha contra el Gobierno Federal de Transición somalí. Algunos grupos piratas han demostrado estar dispuestos a pagar el impuesto correspondiente y, en este sentido, no parece importarles demasiado si el destinatario del pago o soborno es una autoridad regional o Al Shabab. En Somalia, una vez más, parecen ser más fuertes los lazos que unen a cada clan que las consideraciones ideológicas o políticas. Por ello, parece constatarse que allí donde un líder local rebelde provenga del mismo clan o subclan que el grupo pirata predominante, las posibilidades de un acuerdo aumentarán notablemente. Los vínculos clánicos pueden unir a piratas e insurgentes más que los intereses políticos que puedan compartir.
©Fernando Ibáñez.

12 de marzo de 2012

El desplazamiento de la actividad pirata somalí


Hoy voy a hablar de la evolución de la piratería somalí y lo haré a partir de las dos imágenes siguientes. La primera muestra los incidentes atribuidos a los piratas somalíes en el año 2005. La segunda, los ocurridos en 2011. En rojo aparecen los secuestros, en amarillo los ataques frustrados y en azul las aproximaciones sospechosas.





Lo que en el año 2005 era un problema que parecía focalizado al dominio marítimo somalí y al sur del Mar Rojo se ha convertido con el paso de los años en un fenómeno que se ha extendido a todo el Índico occidental. 

En mi opinión, un factor fundamental que explica esta evolución geográfica en la actuación de los piratas somalíes es el establecimiento de un corredor de seguridad en el Golfo de Adén desde agosto de 2008. En un primer momento, este pasillo, vigilado por efectivos militares de diversos países, propició una concentración de los ataques piratas en el mismo, análisis que ya realizó el programa de aplicaciones operacionales de satélites de las Naciones Unidas, conocido como UNOSAT, con datos obtenidos entre agosto y noviembre de 2008. Véase aquí: http://goo.gl/XoIm8
 
Sin embargo, desde entonces se ha profundizado una tendencia iniciada en 2007 y según la cual, grupos de piratas parecían reducir su presencia relativa en sus áreas de operaciones habituales (Golfo de Adén y Somalia) para dirigirse, cada vez más, a centenares de millas de la costa gracias a la utilización de buques nodriza pertrechados para pasar semanas en alta mar. Con ello los piratas podían "pescar" en nuevas áreas y evitar la importante presencia militar en el Golfo de Adén.
A su vez, el desplazamiento de la actividad pirata lejos del Golfo de Adén y de Somalia ha obligado a la flota naval internacional a ampliar, asimismo, su área de actuación, con unos efectivos que difícilmente pueden ser proporcionales al área a proteger. Por ello, un responsable de la operación Atalanta, Richard Farrington, estimó en mayo de 2009 que "necesitamos 60 buques en el Golfo de Adén y otros 150 en la cuenca somalí" para garantizar la seguridad de la navegación en el área. Rolf Olsen, responsable militar de la OTAN, confirmó dos años después que el número de unidades navales no es suficiente para patrullar toda el área de operaciones de los piratas. Frente a los 27 navíos existentes en ese momento, Olsen consideró que haría falta multiplicar por diez el número de buques de guerra. Y para lograr que un barco atacado reciba ayuda en una hora “necesitaríamos 125 navíos, no 27”.
Dada la imposibilidad de reunir semejante flota, la solución cada vez más adoptada por las navieras es el embarque de vigilantes de seguridad armados para proteger al barco de posibles acciones piratas. El  Centro de Información sobre Piratería, que monitoriza la piratería en todo el mundo desde el año 1992, reconoce en su informe de 2011 el papel de la seguridad privada en la reducción de los secuestros que se produjo el año pasado por primera vez. El General de División Buster Howes, responsable de la operación Atalanta, en una comparecencia ante el Parlamento británico en junio de 2011, estimó por lo bajo que entre un 15% y un 25% de los barcos que atravesaban en aquellos momentos el estrecho de Bab el Mandeb habían embarcado seguridad privada armada. De ahí que cada vez en más incidentes se reporte la presencia de personal de seguridad armado. La constatación de que ningún buque con dicho personal a bordo haya sido secuestrado es un fuerte aliciente para el desarrollo del negocio de las empresas de seguridad privada como fórmula para hacer frente a la piratería marítima somalí.


Fernando Ibáñez.

7 de marzo de 2012

Piratas (y IV)


Hoy dejo aquí el enlace al blog de Chema Caballero en el diario El País. Agradezco desde aquí su invitación a expresar algunas reflexiones en el mismo: blogs.elpais.com/africa-no-es-un-pais/2012/03/piratas-iv.html







Fernando Ibáñez.

28 de febrero de 2012

Factores explicativos de la piratería somalí.


El enfoque para determinar los factores explicativos que han dado lugar a la eclosión de la piratería somalí en estos últimos años debe ser multicausal. En primer lugar, parte del reconocimiento de la existencia de un elemento geoestratégico favorable que se potencia al combinarse con otro de índole tecnológica. Por la franja que representa el Golfo de Adén y el estrecho de Bab el Mandeb navegan más de 20.000 buques cada año. El 90% del comercio internacional circula por mar. Además, el desarrollo tecnológico permite que muchos de esos barcos puedan navegar con tripulaciones muy limitadas, lo que reduce notoriamente los gastos de la industria naviera. Sin embargo, esto provoca el riesgo de que la necesaria vigilancia y observación de las proximidades del barco no pueda desarrollarse durante las 24 horas del día o que, en caso de sufrir un ataque pirata, el número de tripulantes sea insuficiente para hacer frente a un intento de abordaje. Y los medios necesarios para desarrollar la práctica pirata en Somalia no son excesivos: lanchas rápidas enviadas desde barcos, a menudo, previamente secuestrados, fusiles automáticos, lanzagranadas y un GPS para orientarse y localizar barcos en las proximidades.
Otra causa está relacionada con un contexto geopolítico internacional que, con el final de la Guerra Fría, ha dado menos importancia a la presencia de buques de guerra en ciertos puntos estratégicos. La piratería somalí ha cambiado en parte, esta realidad, con la reunión desde finales del año 2008 de la mayor concentración de navíos que se recuerda de las últimas décadas, en este caso, en el Océano Índico occidental.
Asimismo, la ausencia o la indefinición de medidas legales en el Derecho internacional y en los códigos penales de muchos Estados para luchar contra la piratería también impide el desarrollo de una eficaz labor represora: la captura y posterior liberación de presuntos piratas no parece el mejor ejemplo para evitar su proliferación.
Tampoco los desastres naturales parecen ayudar a la maltrecha economía de Somalia. Si en el invierno de 2004 un maremoto originado a miles de kilómetros de distancia originó un tsunami que destruyó buena parte de las escasas infraestructuras pesqueras de la costa oriental somalí, en el verano de 2011 se vivió la peor sequía en el Cuerno del África en 60 años. Cabe reseñar que los efectos del tsunami se hicieron sentir en especial sobre las áreas pesqueras de Puntlandia, región donde se han concentrado buena parte de las bases piratas. Algunos intentos de explicar los cambios en la frecuencia de la piratería haciendo referencia al tsunami de 2004 y la destrucción de medios de vida marítima parecen convincentes.
Otro factor explicativo es que los abultados rescates pagados para recuperar a los barcos y sus tripulaciones, los miles de dólares en manos de cientos de jóvenes somalíes que pueden comprarse casas o vehículos de gran cilindrada con los que mostrar su opulencia, constituyen una oferta que muchos no podrán rechazar.
En resumen, unas causas tienen relación con la situación política interna, fundamentadas en la persistencia de una guerra civil desde hace dos décadas, la corrupción política, la proliferación de armas, la lucha por el control de la ayuda humanitaria internacional y la ausencia de medios para desplegar acciones de vigilancia costera. Y otras correlacionan mejor con factores socio-económicos: la miseria, la ausencia de oportunidades de trabajo alternativas, el expolio durante años de los recursos marinos por parte de flotas extranjeras y la presencia de residuos tóxicos en las aguas somalíes.
Con todo, el Grupo de Supervisión para Somalia de la ONU señala en su informe de 2010 que las causas socioeconómicas y los agravios de las comunidades pesqueras somalíes contra los buques extranjeros que dañan o explotan ilícitamente los recursos marinos somalíes son, en realidad, “factores secundarios y a veces de importancia periférica para comprender y prevenir el fenómeno de la piratería”. Y advierte que las dos bases piratas más importantes, Puntlandia y Somalia central, no se caracterizan por estar próximas a las rutas de navegación marítima ni por su pobreza. La costa de Somalilandia es la más cercana a las rutas de navegación internacionales que pasan por el Golfo de Adén y Bab el Mandeb, por lo que debería ser la zona de operaciones más codiciada por los piratas. Sin embargo, las autoridades de Somalilandia se han mostrado firmes contra la piratería, a pesar de sus escasos medios. No ocurre así en Puntlandia.
El argumento de la pobreza explica sólo una parte del problema, pero no explica por qué la piratería somalí se inició en partes relativamente ricas del país y por qué ha aumentado en Somalia y no en otros países con un alto nivel de pobreza. La piratería parece explicarse mejor por la ausencia de unas instituciones locales fuertes. De ser cierta esta hipótesis, el alivio de la pobreza serviría de poco para reducir la piratería de modo significativo y sólo debe plantearse como una estrategia complementaria a otra que resulta fundamental: el fortalecimiento de las instituciones locales. Los piratas pagan a las autoridades locales y regionales parte de los rescates que obtienen para seguir desarrollando su actividad con impunidad. El factor principal que explica la piratería somalí, además del pago de rescates, es, pues, la corrupción.
©Fernando Ibáñez.

23 de febrero de 2012

Entrevista a piratas somalíes.




Hoy, un video. Entrevistas a pescadores y, sobre todo, a piratas somalíes. Interesantes explicaciones sobre su modus operandi y los argumentos habitualmente utilizados para justificar su actividad. El enlace directo a youtube es éste: http://www.youtube.com/watch?v=oWRZfixUJik

Fernando Ibáñez.

19 de febrero de 2012

¿Es la pesca ilegal el origen de la piratería somalí?


Habitualmente, escuchamos a los portavoces piratas de Somalia argumentar que la pesca ilegal que desarrollan flotas pesqueras de diversos países en su dominio marítimo les ha obligado a proteger sus recursos naturales y que, producto de dicha sobreexplotación, han decidido lanzarse al mar a capturar pesqueros. Según esta versión, el origen de la piratería somalí se encontraría en la actividad de antiguos pescadores somalíes que se habrían reconvertido en piratas para atacar y capturar a los pesqueros que se inmiscuyen de modo ilegal en sus aguas. Este tipo de pesca se suele denominar ilegal, no declarada y no reglamentada o IUU, por sus siglas en inglés (Illegal, Unreported and Unregulated). Se trata, con todo, de un problema regional. Mays estimó en 2007 que Mozambique y Tanzania pierden más de 1.000 millones de dólares al año como resultado de la pesca ilegal, la destrucción de arrecifes y el agotamiento de muchas especies.

Durante años han llegado a las aguas somalíes pesqueros de Francia, España, Corea del Sur, Grecia, Reino Unido, Ucrania, China, Taiwán, Yemen, Arabia Saudí, Rusia, India, Egipto, Pakistán, Japón o Belice, muchos de ellos con banderas de conveniencia para eludir las distintas normativas existentes sobre límites de capturas, entre ellas, las de la Unión Europea. Un informe de 2005 del Departamento para el Desarrollo Internacional del Reino Unido estimó que los somalíes perdieron 100 millones de dólares en la pesca ilegal de atún y de camarón en su Zona Económica Exclusiva entre 2003 y 2004. La Comisión Europea en un análisis de 2007 sentenció que “más del 50% del total de las capturas en Somalia, Liberia y Guinea Conakry son practicadas de manera ilegal”. Más recientemente, en la Conferencia de Estambul de 2010, Naciones Unidas calculó que cada año se perdían 95 millones de dólares de ingresos que podían haberse obtenido de la exportación de productos pesqueros, como resultado de las actividades de pesca ilegales.

Según la FAO, unos 700 buques de compañías extranjeras faenan de manera ilegal en la zona de Somalia. En 2009 Waldo identificó incluso por su nombre los barcos que entre los años 1991 y 1999 fueron capturados por pescadores somalíes. La lista incluye los taiwaneses Yue Fa nº 3, Chian Yuein nº. 232, Shuen Kuo nº 11, los italianos Airone, De Giosa Giuseppe y Antonietta y el keniata Bahari Hindi. A la lista se suman pesqueros coreanos, ucranianos, indios, egipcios y yemeníes, mientras que “muchos cerqueros españoles, infractores frecuentes” lograron evadir su captura en varias ocasiones.

El resentimiento por la pesca ilegal en sus aguas sí parece ser compartido por una amplia mayoría de somalíes, según se afirma en un estudio de Hansen de 2008, con entrevistas a pescadores de la zona. España figura en el imaginario somalí como uno de los países que más se beneficia de la pesca ilegal en sus aguas. Waldo estimó en 2009 en más de 450 millones de dólares los beneficios producidos por la pesca de atunes, langostas, camarones y otras especies por pesqueros extranjeros en aguas de Somalia.

En 2009 Weir sugirió en un estudio que ante la falta de respuesta de la comunidad internacional, los pescadores somalíes se organizaron en bandas locales de "guardacostas" para proteger sus medios de subsistencia y los recursos marinos de Somalia. Abordaban buques extranjeros y exigían una indemnización por los peces capturados. Muchos armadores negociaron con señores de la guerra locales para obtener "licencias de pesca", que eran ilegales, dado que los clanes no tenían autoridad legal para emitirlas. El Grupo de Supervisión para Somalia de Naciones Unidas informó en 2006 que los permisos de pesca pueden costar hasta 150.000 dólares anuales por barco y que se expiden sin tener en cuenta ninguna de las reglamentaciones internacionales ni la sostenibilidad a largo plazo de las pesquerías, por lo cual la pesca es indiscriminada y a la larga degradará los bancos pesqueros somalíes. Las milicias locales descubrieron que el negocio de otorgar licencias de pesca era muy lucrativo y no pasó mucho tiempo antes de que otros grupos, que ya no eran pescadores, se unieran para conseguir su parte. En junio de 2010 el Ministro de Pesca y Recursos Marinos de Somalia declaró a Radio Mogadiscio que “la pesca ilegal no está teniendo lugar actualmente alrededor de Somalia”, dado que la flota internacional que patrulla las aguas somalíes en el Océano Índico y el Golfo de Adén ha hecho mucho por detener las actividades ilegales. Asimismo, señaló que la proliferación de la piratería había asustado a muchos arrastreros ilegales que ya no osaban aventurarse en aguas somalíes. Por último, afirmó que el Gobierno ya no emitía licencias de pesca a buques extranjeros para faenar en Somalia con el fin de contrarrestar el agotamiento de sus recursos marinos.

Hasta el año 2005  los ataques piratas ocurridos cerca de la costa de Somalia sí que tenían su origen, principalmente, en la acción de pescadores locales que buscaban defender sus recursos  de la acción de pesqueros extranjeros que practicaban la pesca ilegal. Sin embargo, desde los primeros compases del año 2005 se incrementa  notablemente una piratería que ya no puede fundamentarse principalmente en la defensa  de los recursos pesqueros, ya que se ataca todo tipo de buques, desde petroleros hasta  yates. En nuestra opinión, es a partir de ese año cuando la piratería de origen somalí se  incrementa notablemente hasta el punto de que comienza a considerarse un problema de  seguridad marítima.  Lo cierto es que los piratas somalíes no sólo atacan pesqueros extranjeros sino cualquier barco que navega en el Océano Índico occidental. De hecho, lo más frecuente es que sean asaltados cargueros, buques portacontenedores o de grano. Sólo un 8% de todos los barcos atacados entre los años 2005 y 2010 fueron pesqueros.

Por tanto, sin negar que la sobreexplotación ilegal de sus aguas puede haber animado a algunos somalíes a convertirse en piratas, particularmente en el área de Kismayo a finales de los años 1990, mantener en la actualidad la afirmación de que los piratas somalíes son la respuesta a la pesca ilegal en sus aguas parece más una justificación del discurso de los piratas ante los suyos o ante los medios de comunicación occidentales que una realidad sustentada por los hechos. En todo caso, e independientemente de que la justificación para hacerse pirata puede variar de unas regiones a otras y entre grupos de piratas de una misma región, la comunidad internacional debería luchar con más intensidad contra la pesca ilegal en aguas somalíes, aunque sólo sea para eliminar uno de los argumentos dados por algunos portavoces piratas.

©Fernando Ibáñez.