Hoy propongo un nuevo video sobre la piratería, publicado por diversos organismos enfrentados a esta amenaza, como la OTAN y la operación ATALANTA. Su propósito es ayudar a capitanes, oficiales y tripulantes de los buques mercantes que navegan por el Océano Índico, el Mar Arábigo y la cuenca de Somalia a entender mejor las medidas que deben aplicar para evitar que su barco sea abordado y secuestrado por piratas. Dura casi 40 minutos y puede verse en el siguiente enlace: http://www.simsl.com/Loss-Prevention-and-Safety-Training/PiracyDVDFull.htm
26 de abril de 2012
10 de abril de 2012
Los vínculos entre piratas y terroristas somalíes
Los temores respecto a una posible
cooperación entre piratas y terroristas han sido recurrentes en los últimos
años y parecieron incrementarse notablemente a raíz de la lealtad declarada por
el grupo islamista rebelde somalí Al Shabab a Osama Bin Laden y a Al Qaeda en
2009. Dicha lealtad fue reafirmada tras la anunciada muerte del líder de Al
Qaeda en mayo de 2011. Sin embargo, no hay unanimidad entre los analistas sobre
esta cuestión. Por ejemplo, el Grupo de Supervisión para Somalia de Naciones
Unidas (GSS) en su informe de 2010 afirma no haber encontrado pruebas que
permitan concluir que existe algún tipo de colaboración organizada entre los
piratas somalíes y los grupos armados de la oposición, como Al Shabab. Y
considera que, de haber algún vínculo, sería sólo entre particulares y con el
fin de llegar a acuerdos puntuales a pequeña escala. Pone como ejemplo a Abdulrisaaq
Sheikh Ahmed Geedi, de quien “se sospecha que ha participado en una serie de
secuestros y que mantiene vínculos personales con Al Shabab”. El GSS aclara que
no cree que ese caso sea “indicio de una pauta de actuación más extendida”. En
un informe de 2010 el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano
afirma literalmente que no existe conexión directa entre Al Shabab
y los piratas somalíes, debido
principalmente a las diferencias entre clanes. Incluso en el secuestro de un
buque tan goloso para un grupo rebelde o terrorista como el Faina,
cargado de carros de combate y armamento, los piratas sólo pretendieron obtener
dinero por él.
Sin embargo, otros analistas sí que
consideran posible la existencia de algún tipo de vínculo entre piratas y
grupos islamistas y recuerdan algunos antecedentes conocidos, como la conexión
de grupos terroristas del sudeste asiático con piratas locales. Es el caso del
indonesio Movimiento Aceh Libre, de los Tigres tamiles de Sri Lanka o de
los filipinos Frente Moro de Liberación Nacional y Frente
Moro de Liberación
Islámica.
El 22 de febrero de 2011 la agencia de noticias Reuters informaba de la liberación por Al Shabab de varios líderes de grupos piratas detenidos la semana anterior tras llegar a un acuerdo. El pacto supondría que el grupo rebelde se quedaría con el 20% de los rescates obtenidos por los piratas y éstos, a cambio, podrían fondear los barcos secuestrados en la localidad de Harardhere, donde los insurgentes somalíes habrían abierto una oficina para ponerse en contacto con los piratas. Al Shabab había logrado hacerse con el control de esta localidad en 2010 después de arrebatársela a otro grupo rebelde rival, Hizbul Islam. Según declaró un pirata somalí, se sentían felices porque, al acceder a las reclamaciones de Al Shabab, habían conseguido mantener Harardhere como base de operaciones. Un representante de la comunidad local que asistió a las negociaciones confirmó el acuerdo y declaró que, primero, fue firmado por los piratas que ya pertenecían a Al Shabab y, posteriormente, lo hicieron los demás, salvo un pequeño grupo que lo rechazó y se dirigió a la base pirata de Hobyo.
El
propio GSS parece constatar esta evolución en su informe de 2011 al confirmar
que se están llevando a cabo actos piratas en zonas controladas por Al Shabab,
como Harardhere, Merka, Kismayo, etc. Este hecho parece indicar que, a pesar de
las declaraciones del grupo rebelde, habitualmente opuestas a la piratería,
podría haber decidido cambiar de opinión con el fin de obtener una financiación
suplementaria. Y constata que en la zona de Hobyo/Harardhere, el líder
local de Al Shabab, Hassan Afrah, ha negociado con los piratas quedarse con
parte de los rescates a cambio de permitirles desarrollar su actividad. El GSS
considera que se trata de un acuerdo local, basado en las relaciones de clan.
Sin embargo, advierte de que “la creciente ambivalencia” de Al Shabab podría
propiciar en el futuro una cooperación más sistemática con los piratas.
En
mi opinión la ausencia de lazos en el pasado entre los grupos piratas
somalíes y Al Shabab no es una garantía de que no se estén produciendo en el
presente, a través de los ya citados acuerdos en ciertas localidades costeras
controladas por los insurgentes. La descentralizada red de Al Shabab también
puede propiciar que algunos grupos rebeldes se sirvan de la piratería para
obtener la necesaria financiación que les permita comprar armas y voluntades y
mantener así su lucha contra el Gobierno Federal de Transición somalí. Algunos
grupos piratas han demostrado estar dispuestos a pagar el impuesto
correspondiente y, en este sentido, no parece importarles demasiado si el
destinatario del pago o soborno es una autoridad regional o Al Shabab. En
Somalia, una vez más, parecen ser más fuertes los lazos que unen a cada clan
que las consideraciones ideológicas o políticas. Por ello, parece constatarse
que allí donde un líder local rebelde provenga del mismo clan o subclan que el
grupo pirata predominante, las posibilidades de un acuerdo aumentarán
notablemente. Los vínculos clánicos pueden unir a piratas e insurgentes más que
los intereses políticos que puedan compartir.
©Fernando Ibáñez.
12 de marzo de 2012
El desplazamiento de la actividad pirata somalí
Hoy voy a hablar de la evolución de la piratería somalí y lo haré a partir de las dos imágenes siguientes. La primera muestra los incidentes atribuidos a los piratas somalíes en el año 2005. La segunda, los ocurridos en 2011. En rojo aparecen los secuestros, en amarillo los ataques frustrados y en azul las aproximaciones sospechosas.
Lo que en el año 2005 era un problema que parecía focalizado al dominio marítimo somalí y al sur del Mar Rojo se ha convertido con el paso de los años en un fenómeno que se ha extendido a todo el Índico occidental.
Sin embargo, desde entonces se ha profundizado
una tendencia iniciada en 2007 y según la cual, grupos de piratas parecían
reducir su presencia relativa en sus áreas de operaciones habituales (Golfo de
Adén y Somalia) para dirigirse, cada vez más, a centenares de millas de la
costa gracias a la utilización de buques nodriza pertrechados para pasar
semanas en alta mar. Con ello los piratas podían "pescar" en nuevas áreas y evitar la importante presencia militar en el Golfo de Adén.
A su vez, el
desplazamiento de la actividad pirata lejos del Golfo de Adén y de Somalia ha
obligado a la flota naval internacional a ampliar, asimismo, su área de
actuación, con unos efectivos que difícilmente pueden ser proporcionales al
área a proteger. Por ello, un responsable de la operación Atalanta,
Richard Farrington, estimó en mayo de 2009 que "necesitamos 60
buques en el Golfo de Adén y otros 150 en la cuenca somalí" para garantizar
la seguridad de la navegación en el área. Rolf Olsen, responsable militar de
la OTAN, confirmó dos años después que el número de unidades navales no es suficiente
para patrullar toda el área de operaciones de los piratas. Frente a los 27
navíos existentes en ese momento, Olsen consideró que haría falta multiplicar
por diez el número de buques de guerra. Y para lograr que un barco atacado
reciba ayuda en una hora “necesitaríamos 125 navíos, no 27”.
Dada la imposibilidad de reunir semejante
flota, la solución cada vez más adoptada por las navieras es el embarque de
vigilantes de seguridad armados para proteger al barco de posibles acciones
piratas. El Centro de Información sobre Piratería, que monitoriza la piratería en todo el mundo desde el año 1992, reconoce en su informe de 2011 el
papel de la seguridad privada en la reducción de los secuestros que se produjo el año pasado por primera vez. El General de
División Buster Howes, responsable de la operación Atalanta, en una
comparecencia ante el Parlamento británico en junio de 2011, estimó por lo bajo
que entre un 15% y un 25% de los barcos que atravesaban en aquellos momentos el estrecho de Bab
el Mandeb habían embarcado seguridad privada armada. De ahí que cada vez en más
incidentes se reporte la presencia de personal de seguridad armado. La
constatación de que ningún buque con dicho personal a bordo haya sido
secuestrado es un fuerte aliciente para el desarrollo del negocio de las
empresas de seguridad privada como fórmula para hacer frente a la piratería
marítima somalí.
Fernando Ibáñez.
Fernando Ibáñez.
7 de marzo de 2012
Piratas (y IV)
Hoy dejo aquí el enlace al blog de Chema Caballero en el diario El País. Agradezco desde aquí su invitación a expresar algunas reflexiones en el mismo: blogs.elpais.com/africa-no-es-un-pais/2012/03/piratas-iv.html
Fernando Ibáñez.
28 de febrero de 2012
Factores explicativos de la piratería somalí.
El
enfoque para determinar los factores explicativos que han dado lugar a la eclosión de la
piratería somalí en estos últimos años debe ser multicausal. En primer lugar,
parte del reconocimiento de la existencia de un elemento geoestratégico favorable
que se potencia al combinarse con otro de índole tecnológica. Por la franja que
representa el Golfo de Adén y el estrecho de Bab el Mandeb navegan más de 20.000
buques cada año. El 90% del comercio internacional circula por mar. Además, el
desarrollo tecnológico permite que muchos de esos barcos puedan navegar con
tripulaciones muy limitadas, lo que reduce notoriamente los gastos de la
industria naviera. Sin embargo, esto provoca el riesgo de que la necesaria
vigilancia y observación de las proximidades del barco no pueda desarrollarse
durante las 24 horas del día o que, en caso de sufrir un ataque pirata, el
número de tripulantes sea insuficiente para hacer frente a un intento de
abordaje. Y los medios necesarios para desarrollar la práctica pirata en
Somalia no son excesivos: lanchas rápidas enviadas desde barcos, a menudo, previamente
secuestrados, fusiles automáticos, lanzagranadas y un GPS para orientarse y
localizar barcos en las proximidades.
Otra
causa está relacionada con un contexto geopolítico internacional que, con el
final de la Guerra Fría, ha dado menos importancia a la presencia de buques de
guerra en ciertos puntos estratégicos. La piratería somalí ha cambiado en
parte, esta realidad, con la reunión desde finales del año 2008 de la mayor
concentración de navíos que se recuerda de las últimas décadas, en este caso,
en el Océano Índico occidental.
Asimismo,
la ausencia o la indefinición de medidas legales en el Derecho internacional y
en los códigos penales de muchos Estados para luchar contra la piratería también impide
el desarrollo de una eficaz labor represora: la captura y posterior liberación
de presuntos piratas no parece el mejor ejemplo para evitar su proliferación.
Tampoco
los desastres naturales parecen ayudar a la maltrecha economía de Somalia. Si
en el invierno de 2004 un maremoto originado a miles de kilómetros de distancia
originó un tsunami que destruyó buena parte de las escasas
infraestructuras pesqueras de la costa oriental somalí, en el verano de 2011 se
vivió la peor sequía en el Cuerno del África en 60 años. Cabe reseñar que los
efectos del tsunami se hicieron sentir en especial sobre las áreas
pesqueras de Puntlandia, región donde se han concentrado buena parte de las
bases piratas. Algunos intentos de explicar los cambios en la frecuencia de la
piratería haciendo referencia al tsunami de 2004 y la destrucción de
medios de vida marítima parecen convincentes.
Otro factor explicativo es que los
abultados rescates pagados para recuperar a los barcos y sus tripulaciones, los
miles de dólares en manos de cientos de jóvenes somalíes que pueden comprarse
casas o vehículos de gran cilindrada con los que mostrar su opulencia,
constituyen una oferta que muchos no podrán rechazar.
En
resumen, unas causas tienen relación con la situación política interna,
fundamentadas en la persistencia de una guerra civil desde hace dos décadas, la
corrupción política, la proliferación de armas, la lucha por el control de la
ayuda humanitaria internacional y la ausencia de medios para desplegar acciones
de vigilancia costera. Y otras correlacionan mejor con factores
socio-económicos: la miseria, la ausencia de oportunidades de trabajo
alternativas, el expolio durante años de los recursos marinos por parte de
flotas extranjeras y la presencia de residuos tóxicos en las aguas somalíes.
Con
todo, el Grupo de Supervisión para Somalia de la ONU señala en su informe de
2010 que las causas socioeconómicas y los agravios de las comunidades pesqueras
somalíes contra los buques extranjeros que dañan o explotan ilícitamente los
recursos marinos somalíes son, en realidad, “factores secundarios y a veces de
importancia periférica para comprender y prevenir el fenómeno de la piratería”.
Y advierte que las dos bases piratas más importantes, Puntlandia y Somalia
central, no se caracterizan por estar próximas a las rutas de navegación
marítima ni por su pobreza. La costa de Somalilandia es la más cercana a las
rutas de navegación internacionales que pasan por el Golfo de Adén y Bab el Mandeb,
por lo que debería ser la zona de operaciones más codiciada por los piratas.
Sin embargo, las autoridades de Somalilandia se han mostrado firmes contra la
piratería, a pesar de sus escasos medios. No ocurre así en Puntlandia.
El
argumento de la pobreza explica sólo una parte del problema, pero no explica
por qué la piratería somalí se inició en partes relativamente ricas del país y
por qué ha aumentado en Somalia y no en otros países con un alto nivel de
pobreza. La piratería parece explicarse mejor por la ausencia de unas
instituciones locales fuertes. De ser cierta esta hipótesis, el alivio de la
pobreza serviría de poco para reducir la piratería de modo significativo y sólo
debe plantearse como una estrategia complementaria a otra que resulta
fundamental: el fortalecimiento de las instituciones locales. Los piratas pagan
a las autoridades locales y regionales parte de los rescates que obtienen para seguir desarrollando su actividad con impunidad. El factor principal que explica la piratería somalí,
además del pago de rescates, es, pues, la corrupción.
©Fernando Ibáñez.
23 de febrero de 2012
Entrevista a piratas somalíes.
Hoy, un video. Entrevistas a pescadores y, sobre todo, a piratas somalíes. Interesantes explicaciones sobre su modus operandi y los argumentos habitualmente utilizados para justificar su actividad. El enlace directo a youtube es éste: http://www.youtube.com/watch?v=oWRZfixUJik
Fernando Ibáñez.
19 de febrero de 2012
¿Es la pesca ilegal el origen de la piratería somalí?
Habitualmente,
escuchamos a los portavoces piratas de Somalia argumentar que la pesca ilegal
que desarrollan flotas pesqueras de diversos países en su dominio marítimo les
ha obligado a proteger sus recursos naturales y que, producto de dicha
sobreexplotación, han decidido lanzarse al mar a capturar pesqueros. Según esta
versión, el origen de la piratería somalí se encontraría en la actividad de
antiguos pescadores somalíes que se habrían reconvertido en piratas para atacar
y capturar a los pesqueros que se inmiscuyen de modo ilegal en sus aguas. Este
tipo de pesca se suele denominar ilegal, no declarada y no reglamentada o IUU,
por sus siglas en inglés (Illegal,
Unreported and Unregulated). Se trata, con todo, de un
problema regional. Mays estimó en 2007 que Mozambique y Tanzania pierden más de
1.000 millones de dólares al año como resultado de la pesca ilegal, la
destrucción de arrecifes y el agotamiento de muchas especies.
Durante años han
llegado a las aguas somalíes pesqueros de Francia, España, Corea del Sur,
Grecia, Reino Unido, Ucrania, China, Taiwán, Yemen, Arabia Saudí, Rusia, India,
Egipto, Pakistán, Japón o Belice, muchos de ellos con banderas de conveniencia
para eludir las distintas normativas existentes sobre límites de capturas,
entre ellas, las de la Unión Europea. Un informe de 2005 del Departamento para
el Desarrollo Internacional del Reino Unido estimó que los somalíes perdieron
100 millones de dólares en la pesca ilegal de atún y de camarón en su Zona
Económica Exclusiva entre 2003 y 2004. La Comisión Europea en un análisis de
2007 sentenció que “más del 50% del total de las capturas en Somalia, Liberia y
Guinea Conakry son practicadas de manera ilegal”. Más recientemente, en la
Conferencia de Estambul de 2010, Naciones Unidas calculó que cada año se
perdían 95 millones de dólares de ingresos que podían haberse obtenido de la
exportación de productos pesqueros, como resultado de las actividades de pesca
ilegales.
Según la FAO,
unos 700 buques de compañías extranjeras faenan de manera ilegal en la zona de
Somalia. En 2009 Waldo identificó incluso por su nombre los barcos que entre
los años 1991 y 1999 fueron capturados por pescadores somalíes. La lista
incluye los taiwaneses Yue Fa nº
3, Chian Yuein nº. 232,
Shuen Kuo nº 11,
los italianos Airone,
De Giosa Giuseppe y
Antonietta y
el keniata Bahari Hindi.
A la lista se suman pesqueros coreanos, ucranianos, indios, egipcios y
yemeníes, mientras que “muchos cerqueros españoles, infractores frecuentes”
lograron evadir su captura en varias ocasiones.
El resentimiento
por la pesca ilegal en sus aguas sí parece ser compartido por una amplia
mayoría de somalíes, según se afirma en un estudio de Hansen de 2008, con
entrevistas a pescadores de la zona. España figura en el imaginario somalí como
uno de los países que más se beneficia de la pesca ilegal en sus aguas. Waldo estimó
en 2009 en más de 450 millones de dólares los beneficios producidos por la
pesca de atunes, langostas, camarones y otras especies por pesqueros
extranjeros en aguas de Somalia.
En 2009 Weir sugirió
en un estudio que ante la falta de respuesta de la comunidad internacional, los
pescadores somalíes se organizaron en bandas locales de
"guardacostas" para proteger sus medios de subsistencia y los
recursos marinos de Somalia. Abordaban buques extranjeros y exigían una
indemnización por los peces capturados. Muchos armadores negociaron con señores
de la guerra locales para obtener "licencias de pesca", que eran
ilegales, dado que los clanes no tenían autoridad legal para emitirlas. El Grupo
de Supervisión para Somalia de Naciones Unidas informó en 2006 que los permisos
de pesca pueden costar hasta 150.000 dólares anuales por barco y que se expiden
sin tener en cuenta ninguna de las reglamentaciones internacionales ni la
sostenibilidad a largo plazo de las pesquerías, por lo cual la pesca es
indiscriminada y a la larga degradará los bancos pesqueros somalíes. Las
milicias locales descubrieron que el negocio de otorgar licencias de pesca era
muy lucrativo y no pasó mucho tiempo antes de que otros grupos, que ya no eran
pescadores, se unieran para conseguir su parte. En junio de 2010 el Ministro de
Pesca y Recursos Marinos de Somalia declaró a Radio Mogadiscio que “la pesca
ilegal no está teniendo lugar actualmente alrededor de Somalia”, dado que la
flota internacional que patrulla las aguas somalíes en el Océano Índico y el
Golfo de Adén ha hecho mucho por detener las actividades ilegales. Asimismo,
señaló que la proliferación de la piratería había asustado a muchos arrastreros
ilegales que ya no osaban aventurarse en aguas somalíes. Por último, afirmó que
el Gobierno ya no emitía licencias de pesca a buques extranjeros para faenar en
Somalia con el fin de contrarrestar el agotamiento de sus recursos marinos.
Hasta el año
2005 los ataques piratas ocurridos cerca
de la costa de Somalia sí que tenían su origen, principalmente, en la acción de
pescadores locales que buscaban defender sus recursos de la acción de pesqueros extranjeros que
practicaban la pesca ilegal. Sin embargo, desde los primeros compases del año
2005 se incrementa notablemente una
piratería que ya no puede fundamentarse principalmente en la defensa de los recursos pesqueros, ya que se ataca
todo tipo de buques, desde petroleros hasta
yates. En nuestra opinión, es a partir de ese año cuando la piratería de
origen somalí se incrementa notablemente
hasta el punto de que comienza a considerarse un problema de seguridad marítima. Lo cierto es que los piratas
somalíes no sólo atacan pesqueros extranjeros sino cualquier barco que navega
en el Océano Índico occidental. De hecho, lo más frecuente es que sean
asaltados cargueros, buques portacontenedores o de grano. Sólo un 8% de todos
los barcos atacados entre los años 2005 y 2010 fueron pesqueros.
Por tanto, sin
negar que la sobreexplotación ilegal de sus aguas puede haber animado a algunos
somalíes a convertirse en piratas, particularmente en el área de Kismayo a
finales de los años 1990, mantener en la actualidad la afirmación de que los
piratas somalíes son la respuesta a la pesca ilegal en sus aguas parece más una
justificación del discurso de los piratas ante los suyos o ante los medios de
comunicación occidentales que una realidad sustentada por los hechos. En todo
caso, e independientemente de que la justificación para hacerse pirata puede
variar de unas regiones a otras y entre grupos de piratas de una misma región,
la comunidad internacional debería luchar con más intensidad contra la pesca
ilegal en aguas somalíes, aunque sólo sea para eliminar uno de los argumentos
dados por algunos portavoces piratas.
©Fernando Ibáñez.
©Fernando Ibáñez.
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