5 de octubre de 2012

Obstáculos legales a la represión de la piratería marítima: el caso de Somalia

La Revista CIDOB d´afers internacionals acaba de publicar su número 99, en el que han tenido la amabilidad de aceptar un artículo que les envié. Aquí está el enlace a dicho número: http://goo.gl/aSVdq. Mi artículo se titula "Obstáculos legales a la represión de la piratería marítima: el caso de Somalia" y podéis leerlo en el siguiente enlace: http://goo.gl/yZLbS

Espero que resulte de interés.



Fernando Ibáñez.

28 de septiembre de 2012

Documental "Man without a nation"

Conocemos hoy la existencia de un documental relacionado con la piratería y titulado "Man without a nation". Se trata de la historia de un marinero del atunero tailandés Prantalay 12, secuestrado por piratas somalíes en 2010 y preso de los mismos durante ocho meses. En realidad, los piratas secuestraron a la vez tres pesqueros hermanos: Prantalay 11, Prantalay 12 y Prantalay 14. El atunero fue utilizado como buque nodriza por los piratas para realizar nuevos ataques. Cinco de los marineros del Prantalay 12 murieron durante su cautividad. El documental, de quince minutos, cuenta la historia de uno de los marineros que fue rescatado por la marina india y quedó, sin documentación alguna, en tierra de nadie. De ahí el título. Creo que merece la pena. Aquí el enlace a youtube: https://www.youtube.com/watch?v=6ed_6nXLJfk&feature=plcp



Fernando Ibáñez.

25 de septiembre de 2012

Estreno de la película danesa "Kapringen" ("Secuestro")

Se estrena estos días la película danesa "Kapringen" ("Secuestro"), un drama psicológico ambientado en el secuestro de un buque danés por piratas somalíes. Quizás lo más relevante sea que quienes actúan como marineros no solamente lo son en la vida real, sino que, además, sufrieron el secuestro de su buque por auténticos piratas somalíes. La película promete, aunque no sabemos si llegará a las pantallas españolas. Aquí os dejo el enlace al tráiler, extraído de la web oficial de la cinta http://kapringen.com/.





Como curiosidad, el CEO de la compañía del buque que negocia con los piratas tiene un sorprendente parecido con Per Gullestrup, responsable de la firma danesa Clipper, y que llevó a cabo una negociación similar cuando fue secuestrado el buque CEC Future por piratas somalíes. De hecho, un canal de la televisión danesa ya emitió en su día una recreación de dichas negociaciones en las que aparecía el propio Gullestrup.




Fernando Ibáñez.

22 de junio de 2012

El papel de la seguridad privada en la lucha contra la piratería somalí


Las empresas de seguridad privadas llevan años embarcadas en la lucha contra la piratería somalí. En un primer momento fueron llamadas por el Gobierno Federal de Transición somalí y el Gobierno de Puntlandia para proporcionar seguridad marítima en sus aguas. Roger Middleton estudió en 2008 los contratos firmados entre las empresas y las autoridades somalíes, concluyendo que las firmas involucradas no desarrollaron con éxito su trabajo bien por problemas logísticos bien porque sus empleados fueron incapaces de tomar posiciones en Somalia o por falta de financiación suficiente.
El espectacular auge de la piratería que se produjo a partir del año 2008 y los problemas de la presencia militar internacional para evitar la escalada de ataques propiciaron que algunas firmas navieras buscaran la protección privada como forma de que sus buques navegaran con el menor riesgo posible por el Cuerno de África. En realidad, las propias autoridades militares norteamericanas reconocieron la imposibilidad de suministrar una protección completa a todos los mercantes que atraviesan la zona. El 23 de septiembre de 2008 el Comandante de la V Flota norteamericana, el Vicealmirante Bill Gortney, declaró que las fuerzas de la coalición que patrullan el Golfo de Adén "no tienen los recursos necesarios para proporcionar 24 horas de protección" a las decenas de buques comerciales que pasan a diario por allí. Son las empresas las que "deben tomar medidas para defender sus buques y tripulaciones", sugiriendo la contratación de equipos de seguridad.
Así, la lucha contra la piratería somalí ha permitido a algunas empresas de seguridad privada que habían visto reducidas sus posibilidades de hacer negocio en Afganistán e Irak encontrar un nuevo nicho de oportunidades. Aunque, al principio, estas compañías intervinieron a través de la firma de contratos con las autoridades somalíes, la falta de seguridad jurídica que impera en Somalia y los escasos resultados obtenidos propiciaron que las empresas desviasen, en buena medida, su atención hacia la protección de los barcos atacados por medio de contratos rubricados con las navieras y las compañías de seguros.
Consultoras, bufetes de abogados y empresas de seguridad privadas también suelen ocuparse de la gestión del secuestro y del pago de rescates para liberar a los buques apresados por los piratas somalíes. A menudo, el propietario del barco busca una empresa con experiencia en la gestión de secuestros y, en ocasiones, el armador y el bufete entran en contacto a través de la aseguradora del buque. Las principales funciones del bufete de abogados son aconsejar las estrategias para la gestión de crisis y la negociación a seguir, garantizar que el armador no comete una acción ilegal con la negociación y el pago del rescate y buscar e intermediar con una empresa de seguridad con capacidad logística para pagar el rescate en Somalia. Las empresas más reconocidas en la materia tienen su sede en el Reino Unido.
A raíz del secuestro del mercante norteamericano Maersk Alabama en abril de 2009 se produjo un importante empuje para el negocio de la seguridad privada en el ámbito marítimo. Además, tuvo consecuencias legislativas importantes en Estados Unidos, donde se exigió a los buques mercantes que navegasen por aguas de Somalia y del Golfo de Adén que asumieran parte de su propia protección y contaran con guardias entre su tripulación, armados o no. Como cabía prever, las recomendaciones aparecidas en la nueva norma estadounidense pronto fueron adoptadas por otros países. Entre esos países, se encuentra España, donde también el secuestro de un barco, el atunero Alakrana, en octubre de 2009, fue el detonante de los cambios normativos que permitirían embarcar equipos de seguridad privados con armas de guerra en barcos de pabellón español. A pesar de que los armadores españoles se declaraban poco dispuestos a contratar seguridad privada, el Gobierno acabó aprobando la nueva normativa en otoño de 2009 y comprometiéndose a sufragar el 25% de su coste. El Gobierno vasco abonaría otro 25%. Las reticencias se difuminaron. Mientras que los barcos de pabellón español son protegidos por empresas de seguridad española, los barcos de propiedad española, pero pabellón extranjero (en el caso de los pesqueros, habitualmente de Seychelles) suelen estar protegidos por firmas de seguridad extranjeras.
La industria naviera no se ha mostrado muy partidaria del embarque de agentes de seguridad armados. Además de su alto coste, su empleo plantea algunos interrogantes. En primer lugar, algunos países ribereños de la región no permiten que los buques entren en sus aguas territoriales si llevan armas a bordo. Sin embargo, parece notarse aquí la influencia y las negociaciones llevadas a cabo por Washington con dichos países, buena parte de los mismos han reducido sus restricciones, que, sin embargo, continúan en Egipto, Sudán y Yemen. De hecho, cuatro efectivos de la empresa de seguridad privada británica Protection Vessels International fueron detenidos en Asmara desde el 24 de diciembre de 2010 al 12 de junio de 2011 por entrar en aguas territoriales de Eritrea con armas, en concreto, fusiles de precisión suizos SIG, en el yate Sea Scorpion. En enero y febrero de 2011 la policía sudafricana también confiscó el mismo tipo de armas a vigilantes de la misma empresa que se encontraban a bordo de dos mercantes, el African Lion y el Jo Kashi.
Otra de las consideraciones que suele plantearse es que la presencia de personas armadas en los barcos puede propiciar un incremento de la violencia utilizada por los piratas. Por otra parte, existen temores por las consecuencias legales que un intercambio de disparos entre agentes de seguridad y piratas puede provocar, si causa lesiones o la muerte de una persona inocente. No es un caso irreal, dado que los piratas también realizan ataques desde barcos previamente pirateados y utilizando a la tripulación secuestrada como escudos humanos. Probablemente, los propietarios del barco se verían expuestos a reclamaciones millonarias que no estarían cubiertas por el seguro, así como a acusaciones penales. Asimismo, se manifiesta la preocupación por el hecho de que un intercambio de disparos pueda acabar afectando a la carga del barco, provocándose incendios accidentales, sobre todo, en el caso de buques cisterna o petroleros.
Sin embargo, a pesar de estas reservas, las lagunas legales y el coste, parece que la contratación de equipos de seguridad privada está siendo considerada cada vez más por las empresas navieras. La constatación de que ningún buque que los llevara embarcados ha sido secuestrado por piratas somalíes se ha convertido en un aliciente difícil de rechazar. Algunas organizaciones internacionales también parecen haber matizado recientemente su postura contraria, caso del International Maritime Bureau o del Comité de Seguridad Marítima de la Organización Marítima Internacional. Por ello, cada vez son más los barcos que pasan por zonas de actuación de la piratería somalí y han instalado alambres de espinos, mangueras de agua, ciudadelas y otras contramedidas, incluida la seguridad privada armada.
También se conocen incidentes protagonizados por vigilantes privados en los que han resultado heridos o muertos piratas somalíes. La falta de consecuencias legales de de este tipo sucesos es evidente. Tampoco el Derecho Internacional ha sido capaz de sancionar actuaciones muy polémicas por parte de ciertas Marinas. El 19 de noviembre de 2008 la Marina india informó que su buque de guerra Tabar había hundido un barco nodriza pirata en el Golfo de Adén como respuesta a los disparos lanzados por los piratas. Sin embargo, una semana después, el Centro de Información sobre Piratería del International Maritime Bureau confirmó que el buque hundido por los indios era un pesquero tailandés, el Ekawat Nava 5, de bandera de Kiribati, que había sido secuestrado por piratas somalíes. Catorce miembros de su tripulación de origen tailandés que permanecían secuestrados en el barco murieron y un camboyano sobrevivió, el cual, tras pasar cinco días en el mar, consiguió relatar lo sucedido.
Parece claro que una de las consecuencias de la implementación de este tipo de medidas de autodefensa será que los piratas preferirán atacar buques que no dispongan de estos medios, por lo que cabe prever un incremento de ataques a buques de países no desarrollados, que disponen de menos recursos para dedicar a la seguridad. Sin embargo, los piratas saben bien que el secuestro de ciudadanos occidentales suele tener consecuencias jugosas, dado que los rescates exigidos suelen abonarse antes y ser mayores que en el caso de que la tripulación sea, por ejemplo, nigeriana o filipina. Su negocio depende, fundamentalmente, de ese tipo de secuestros. En 2011 un 35% de todos los buques atacados por piratas somalíes llevaba embarcado un equipo armado de seguridad privada. Parece indudable que, amén de otros factores, existe una correlación entre el auge de la presencia de vigilantes armados y la reducción drástica del número de secuestros en los últimos meses.
©Fernando Ibáñez.

30 de mayo de 2012

Primer ataque aéreo europeo contra una base pirata somalí


El pasado 15 de mayo, tres años y medio después de su puesta en marcha, la misión naval europea EUNAVFOR-Atalanta atacó por primera vez una base pirata somalí. Según fuentes de la misma, se hizo de forma proporcionada y precisa “desde el aire”, de conformidad con la resolución 1851 del Consejo de Seguridad de la ONU y con el total apoyo del Gobierno somalí. También se informa de que ningún somalí resultó herido como resultado de la acción. El objetivo declarado es evitar que los piratas puedan salir al mar atacando sus bases en tierra. El Comandante de la operación, Duncan Potts, señaló que los pescadores somalíes, “muchos de los cuales han sufrido tanto a causa de la piratería en la región”, podían estar seguros de que la misión seguiría actuando en el futuro contra los piratas y sus suministros. El comunicado puede leerse en el siguiente enlace: http://www.eunavfor.eu/2012/05/eu-naval-force-delivers-blow-against-somali-pirates-on-shoreline/  

Algunos medios de comunicación entienden que la operación fue llevada a cabo, al menos, por un helicóptero adscrito a un navío, mientras que un avión de patrulla marítima habría sobrevolado el área. El ataque se desarrolló en la aldea de Handulle, a unos 18 kms. al norte de la base pirata de Haradheere. Al día siguiente del ataque, un pirata somalí declaraba que la acción militar había destruido varias lanchas. No hay acuerdo entre las distintas fuentes, que hablan de tres, cinco y hasta nueve botes. Asimismo, habrían desaparecido varios bidones de combustible y un almacén de armas. Según fuentes somalíes, había 13 piratas en la base en el momento del ataque nocturno, pero no se produjeron daños personales. Al escuchar el ruido de helicópteros varios de ellos habrían huido en lanchas hasta el Albedo, buque secuestrado y fondeado en la zona. Ante el temor de nuevos ataques, parece que los piratas habrían decidido dormir en el propio buque y no en tierra firme. Algunos pescadores locales afirman que sus embarcaciones también fueron destruidas durante el ataque y reclamaron que no se repitan los ataques aéreos por miedo a que se produzcan daños personales entre civiles.

Esta operación se une a otras medidas recientes como el despliegue de acciones más contundentes contra los buques nodriza utilizados por los piratas. Estos buques nodriza son habitualmente pesqueros, dhows e, incluso, buques mercantes previamente secuestrados. Su uso permite a los piratas lanzar ataques a cientos de millas de la costa y no limitarse a utilizar lanchas fueraborda enviadas desde la orilla, como sucedía hasta hace unos años.

Si bien es cierto que la piratería marítima ha sido erradicada de algunos mares gracias, principalmente, a la destrucción de sus bases terrestres, cabe preguntarse hasta qué punto estos ataques aéreos van a resultar eficaces. De hecho, prácticamente cualquier punto de la costa somalí puede ser considerado una base pirata en potencia y vigilar más de 2.000 kms de costa no resulta una tarea sencilla. Además, una sucesión de ataques aéreos sobre un buen número de bases piratas podría acabar, antes o después, provocando víctimas entre los piratas o entre la población civil. De hecho, no es la primera vez que se atacan lanchas desde helicópteros. El pasado mes de abril las autoridades de Puntlandia hicieron algo parecido en la localidad de Gumbah, causando heridas a varios pescadores. La preocupación entre las autoridades europeas por evitar las bajas entre los piratas parece alta, dado que cada vez es más difícil justificar ante sus propias opiniones públicas la presencia de un despliegue naval militar oneroso en una época en que la ansiedad por reducir el déficit público impera en todos los despachos gubernamentales. Se ha calculado que el coste de las distintas misiones militares presentes para luchar contra la piratería somalí ronda los 1.800 millones de dólares anuales. Y más cuando parece claro a estas alturas que la principal razón por la que están disminuyendo los ataques y secuestros piratas no radica tanto en la presencia naval sino en la contratación y embarque de equipos armados de seguridad privada. 

En mi opinión, la única manera de distinguir entre piratas y pescadores es poner los pies en tierra. Desde el punto de vista militar esto supone una intervención en tierra firme para acabar con la actividad pirata. Así ocurrió en 2006 cuando la Unión de Cortes Islámicas, entonces grupo rebelde contra el Gobierno somalí, ocupó la costa oriental del país y la piratería desapareció durante varios meses. Imaginar en estos momentos una intervención similar por parte de tropas occidentales resulta irreal, dados los fracasos de las últimas misiones en Somalia tanto de Estados Unidos como de la ONU en la década de 1990. Ahora se produce una más o menos disimulada "externalización" de la guerra contra Al Shabab, que lleva a cabo Kenia y la misión de la Unión Africana con éxito desigual. Y aun en el caso de que Al Shabab sea derrotada, está por ver qué consecuencias tendría este hipotético hecho sobre la piratería somalí. La piratería se nutre de los rescates y de la corrupción de las autoridades locales. Y hasta ahora ni los primeros parecen disminuir ni la segunda estar en vías de solución. 

©Fernando Ibáñez.

10 de mayo de 2012

¿Por qué se han reducido los secuestros piratas somalíes en 2011?

En la siguiente tabla aparece el número de buques que fueron abordados o secuestrados por piratas somalíes entre los años 2005 y 2011. 




El destacable descenso de la actividad pirata en el año 2006 parece deberse al control durante buena parte de dicho año de casi todo el sur de la costa oriental somalí por la Unión de Cortes Islámicas (UCI). De hecho, es muy significativo que desde el 22 de mayo hasta el 1 de noviembre de 2006 no se produjera ningún ataque pirata en el dominio marítimo somalí. Más de cinco meses sin actividad pirata fue un record que no se volvería a repetir. En 2007 la derrota militar de la UCI a manos de las tropas etíopes permitió un repunte de la actividad pirata y, por lo tanto, de los secuestros. 

El número total de barcos abordados o secuestrados ha sufrido una tendencia creciente desde entonces. Podemos medir los éxitos de los piratas somalíes cotejando el número de secuestros con el número total de ataques. En este caso, la tasa de éxito ha sido de media un 21%. Es decir, 21 de cada 100 buques atacados fueron secuestrados. Sin embargo, en 2011 la tasa de éxitos ha caído a la mitad (un 10%). ¿Por qué? 

En mi opinión, la combinación de tres factores ha tenido como consecuencia una notable reducción del número de secuestros de barcos en el año 2011. 

El primero de ellos es el buen funcionamiento del corredor de seguridad en el Golfo de Adén. En efecto, la protección militar en el Golfo parece haberse engrasado con el paso del tiempo. Si en el año 2008, sólo un 30% de los barcos secuestrados lograba ser liberado gracias a la llegada de ayuda (habitualmente, un buque de guerra o un helicóptero militar), ese porcentaje alcanzó el 80% en 2009 y un pleno del 100% en 2010 y 2011. Si en el año 2008 fueron secuestrados 39 buques en el Golfo de Adén, en 2011 serían capturados tres. 

El segundo factor que explica la reducción del número de secuestros es el notable aumento en los dos últimos años de la presencia de seguridad privada en los barcos que navegan en la zona de operaciones de los piratas somalíes. En 2011 un 35% de los barcos atacados llevaba embarcado un equipo armado de seguridad privada. Además, cada vez es más frecuente que se reporte que un buque que ha sido atacado dos veces lleve en la segunda de las ocasiones un equipo de seguridad. 

Y el tercer factor es el despliegue por parte de las tripulaciones de una estrategia que se ha mostrado particularmente exitosa. Consiste en el encierro de la tripulación en un lugar seguro, conocido como habitación del pánico o ciudadela. Esto suele realizarse después de enviar un mensaje de auxilio, inutilizar los motores o impedir desde el lugar de encierro su normal funcionamiento. De esta manera, aunque los piratas hayan abordado el barco, se encuentran con la imposibilidad material de manejarlo y, habitualmente, al cabo de unas horas, acaban por abandonarlo. Se trata de una recomendación propuesta en junio de 2009 y que se ha usado cada vez con más frecuencia. En el año 2010 fue puesta en marcha con éxito en casi una veintena de casos y en 2011 su utilización satisfactoria se produjo en nada menos que 66 ataques. Estos casos suelen resolverse de dos formas: o bien la tripulación, pasadas unas horas, sale de la zona segura y comprueba que los piratas ya han abandonado el barco o bien una unidad militar llega al buque e informa a la tripulación de que no hay piratas a bordo y que pueden abandonar su refugio. Sin embargo, en dos ocasiones los piratas pudieron acceder al lugar donde la tripulación se creía segura y secuestrar el barco. De los 75 barcos que fueron abordados en 2010, 20 de ellos no serían finalmente capturados debido a que, en la mayoría de los casos, la tripulación se encerró en un lugar seguro y evitó así el secuestro. Lo mismo ocurrió en 2011 en una quincena de incidentes. De no haberse desplegado esta estrategia, todos estos buques habrían sido secuestrados. 

Sin embargo, aunque el número de secuestros se reduzca, esto no supone una reducción proporcional de los rescates. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, los piratas somalíes habrían obtenido 170 millones de dólares en rescates en el año 2011 frente a los 110 millones que, calcula, consiguieron en el año 2010. Así, pues, los rescates aumentaron en un año un 35%, a pesar de que el número de secuestros cayó un 40% en el mismo periodo. Los beneficios de la actividad pirata no dependen, pues, exclusivamente de la tasa de éxito. 

©Fernando Ibáñez.